Eva se dormía poco a poco. El anestesia parecía cobrar fuerza en su cabeza poco a poco contra su conciencia. Había gente vestida de verde que se movían alrededor suya. Unas luces del techo le enfocaban deslumbrándole...
Ella vio con sufrimiento como su hijo venía al mundo. Su cabeza, sus manitas delicadas, sus piernecitas. Todo era nuevo para él. Como también lo era para ella. Era increíble que ese ser que había sido parte de ella durante nueve meses, ahora se separara para estar a su vez más cerca todavía. Más tarde pudo acariciarlo. Pudo sentir el latir de su corazón sobre su pecho, mientras sus dedos se abrazaban con fuerza a la mano de la madre, como si llevara meses esperando ese momento.No sabía cómo podría mantenerlo. Hace meses, cuando por una extraña razón quedó sin trabajo, pensó en abortar su embarazo. Finalmente, tras un sueño aún más extraño, no lo hizo. Lo cierto es que ahora se encontraba en la misma situación, sólo que había que añadirle que ahora tenía a un niño que alimentar, una boca que pedía comida, pañales y un hogar donde dormir. A este paso nada tendría.Su vida se volvió muy diferente a la acostumbrada. Eva lloró y lloró noches enteras pensando en cómo mantendría con vida su hijo. Su familia le ayudó en cuanto pudo, pero tampoco podían encargarse de ambos. Sabía que tenía que luchar, era su única alternativa. La única opción para sacar a su hijo adelante, ese hijo que se merecía una vida. ¿Por qué no abortó en su momento? Ella, madre soltera... no podría hacerse cargo de su hijo.El niño fue creciendo, y, con dificultades, su madre encontraba algunos trabajos. Su situación mejoró notablemente, pero le costaba la vida llegar a final de mes. Un día, Eva encontró un hombre. Un buen hombre y se enamoraron. Se casaron, y la nueva familia salió adelante. Marcos, como así tenía por nombre el hijo, creció y estudió en una universidad modesta, pero logró algo que según su madre jamás podría haber hecho. Luchó contra lo imposible y consiguió recompensa. Acabados sus estudios, se colocó en una empresa. Era feliz, tenía una vida, y una pareja estable. Eva estaba orgullosa de haberlo sacado adelante.





